• 29Oct’ 14

    Fuente: Prensa AntárticaVlado liberal

    Los diputados integrantes de la Comisión de Zonas Extremas y Antártica sesionaron de manera histórica por primera vez en el Continente Blanco, gracias a las gestiones realizadas ante la intendencia por el diputado magallánico Juan Morano. El propósito del inédito encuentro, tiene relación con impulsar la implementación y el desarrollo de un régimen antártico efectivo, y adecuar las normas de derecho interno que rigen en el país en el marco del Tratado Antártico.

    Por otra parte, la visita de los parlamentarios hasta el Continente Blanco, tiene que ver con reforzar la presencia nacional en el lugar, como parte de la visión y estrategia geopolítica de Chile en cuanto a la posición de Magallanes como región puerta de entrada natural a la Antártica. Pensar a Chile como país antártico, es el propósito de las autoridades, considerando nuestra cercanía geográfica con el territorio helado.

    Antecedentes

    Chile es parte del Tratado Antártico, adoptado en 1959 y vigente desde 1961, el cual constituyó una respuesta a los desafíos de cooperación política y científica, con la participación de todos los países que habían formulado reclamaciones de soberanía (Chile, Argentina, Australia, Nueva Zelandia, Francia, Reino Unido y Noruega) más los Estados Unidos y la Unión Soviética (hoy Federación Rusa), incorporándose a la negociación Bélgica, Japón y Sudáfrica. Actualmente, 50 países han suscrito el Tratado, pero solo 29 tienen la condición de partes consultivas, entre éstos nuestro país.

    Desde su entrada en vigencia, los Estados Parte tuvieron como preocupación fijar reglas aplicables a la presencia del hombre y el impacto de sus actividades, junto al desarrollo de un marco normativo para el medio ambiente y sus ecosistemas dependientes y asociados.

    Así por ejemplo, se adoptaron las Medidas Acordadas para la Conservación de la Flora y Fauna de la Antártida (1964), donde se definió esa región como una “Zona Especial de Conservación”. En los años posteriores se adoptaría la Convención para la Conservación de las Focas Antárticas (1972); la “Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos”, de 1980 y la “Convención para la Reglamentación de las Actividades sobre Recursos Minerales Antárticos” (CRAMRA), adoptada en 1988.

    Por último, en 1991, se adoptó en Madrid el “Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente”, que complementa al Tratado Antártico y establece principios altamente exigentes respecto de las actividades a conducir en ese continente y sus espacios marítimos circundantes, y reitera el concepto de la preservación de la Antártica con fines exclusivamente pacíficos y que no se convierta en escenario u objeto de discordia internacional.

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